CUANDO LA SENSATEZ CLAMA EN EL DESIERTO

Es nauseabundo encender la televisión y escuchar decir día tras día que en el mundo apenas ha habido una decena de muertes entre millones de vacunados y que los escasos afectados por las vacunas para el Covid-19 son muy pocos, y sus efectos adversos muy leves. Hay ya miles de muertos y cientos de miles de personas afectadas -muchas de gravedad- según las propias estimaciones oficiales. El propio Ministerio de Sanidad español tuvo en abril la desfachatez de poner en marcha en los medios de comunicación una campaña con el propagandístico lema de #YomeVacunoSeguro dedicada a convencer a la gente de que son seguras y debe, pues, acudir confiadamente a inoculárselas. Es decir, miente descaradamente a los ciudadanos, y ni siquiera les recuerda que se trata de vacunas experimentales y van a hacer pues de cobayas humanas. Y les anima a hacerlo violando el derecho al consentimiento informado, porque no se les proporciona la información adecuada y rigurosa que exige la ley, en la que además de los posibles efectos adversos se les de cuenta de que hay alternativas tanto preventivas como curativas en caso de enfermar.

Es además indignante que se diga a la ciudadanía que las vacunas inmunizan, cuando es radicalmente falso. Nadie ha demostrado tal cosa por mucha fanfarria estadística que se muestre. Estar vacunado no es sinónimo de estar inmunizado. De hecho ni los propios fabricantes de vacunas se atreven a aseverar tamaña falacia en sus fichas técnicas. Es más, algunos laboratorios han tenido la «decencia» de dejar claro que sus vacunas solo reducen -y en algunos casos- la intensidad de los síntomas, no que eviten el posible contagio. ¡Pero si la propia Organización de la Salud (OMS) advierte que ni protegen del contagio, ni aseguran al vacunado que no enfermará, ni evita que el vacunado contagie a otra persona! ¿Qué hacen pues tantos millones de personas aborregadas y manifiestamente memas haciendo cola para que les inoculen vacunas claramente ineficaces a la hora de prevenir, que, además, son peligrosas, tanto que hasta pueden llevar a la muerte a personas sanas? ¿Qué hacen nuestros médicos, autoridades y representantes de la ciudadanía permitiendo tal dislate? ¿Y cómo es posible que prácticamente todos los partidos políticos estén apoyando esta farsa? ¿No queda en ellos nadie con sentido común? ¿Cómo se explica que ni uno solo haya cuestionado los presuntos test de detección del supuesto SARS-CoV-2 con los que ficticiamente «fabrican» -nunca mejor dicho- las cifras de «contagiados» y «muertos por»? ¿Cómo es posible que nadie haga caso a los miles de genetistas, biólogos, médicos, farmacéuticos, epidemiólogos y abogados de prestigio que afirman que todo lo que está pasando carece de sentido y es acientífico?

¿Y qué hacen todos llevando bozales que no sirven para nada? Hemos explicado hasta aburrir que las mejores «mascarillas» tienen microfiltros de 0,2 micras (200 nanómetros) y un virus está entre 50 y 150, por lo que es como no llevar nada. Como hemos explicado que para que pueda haber «contagio» tiene que haber suficiente carga viral en el ambiente -número de virus por milímetro cúbico- y eso exige, según la OMS -y así lo admite nuestro Ministerio de Sanidad-, que si la persona enferma no tose o estornuda delante nuestro tiene que estar enfrente a menos de un metro y durante como mínimo quince minutos, por lo que la posibilidad de contagio cruzándose con alguien es inexistente. Es más, es imposible en la calle porque una simple brisa impide que los virus se concentren. Así que ¿qué hacen nuestras autoridades, cientícos, médicos y enfermeros -que se supone están medianamente informados- llevando bozales hasta paseando a solas por el campo? ¿Se han vuelto rematadamente estúpidas? ¿Y cómo tienen los periodistas de nuestras infumables cadenas de televisión la caradura de pedir a la gente que se proteja en los locales cerrados y cuando los gobiernos de turno obligan a llevarlas incluso si se puede mantener la «distancia social» ellos se nieguen a ponérselas en los estudios y platós? ¡Ya se las ponen los cámaras y demás técnicos!, alegan como excusa como si la ley permitiera esa excepción.

En fin, sabemos que llevamos un año insistiendo en esto y nos repetimos pero es que no parece que lo que explicamos entre en la dura mollera de mucha gente. Estamos, más que hartos, hastiados; por eso hemos empezado a hablar de otros temas. Damos por imposible abrir la mente de las personas porque el lavado de cerebro ha sido brutal y de hecho así adelantamos hace meses que sucedería. A partir de ahora tocaremos el tema de la falsa pandemia solo de pasada y vamos además a replantearnos seriamente si lo que hacemos aún se justifica. Quizás sea hora simplemente de que cada cual recoja lo que siembra …

Jose Antonio Campoy, Director
(Fuente: https://www.dsalud.com/)

EE.UU.: LAS CIFRAS DE MUERTES POR LAS “VACUNAS” COVID SUPONEN UNA CATÁSTROFE HUMANITARIA

Un informe del 4 de mayo de la investigadora independiente Virginia Stoner titulado “The Deadly Covid-19 Vaccine Coverup” (“El encubrimiento de la vacuna mortal Covid-19”) recoge las cifras de muertes por vacunación en EE. UU. según los propios datos del gobierno.

Estas son algunas citas clave de su informe:

“Ha habido un aumento masivo de muertes reportadas al Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS) este año. Eso no es una ‘teoría de la conspiración’, es un hecho indiscutible “.


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“Estamos hablando de un aumento enorme y sin precedentes, tan enorme que solo en los últimos 4 meses, VAERS ha recibido más del 40% de todos los informes de defunción que ha recibido en sus más de 30 años de historia”.

“El recuento de muertes pasó de 2794 el 5 de abril a 3005 el 12 de abril y a 3848 el 26 de abril … 1054 muertes en 21 días”.

“Una hipótesis … es que los ancianos y los enfermos, muchos en centros de atención a largo plazo, fueron los primeros en ser el objetivo de la campaña de vacunación COVID-19, y es mucho más probable que mueran de manera coincidente. Estas muertes coincidentes luego conducen a un aumento en las presuntas muertes inducidas por vacunas informadas al VAERS “.

“Los datos de VAERS simplemente no apoyan esa hipótesis. Primero, porque todos los grupos de edad, no solo las personas mayores, tuvieron un aumento dramático en los informes de muerte de VAERS por las vacunas COVID-19 … En general, todos los grupos de edad experimentaron un aumento dramático en las muertes informadas al VAERS por las inyecciones de COVID-19, incluso grupo de menores de 18 años, que ha tenido muy pocas inyecciones de COVID-19 (hasta ahora) “.

Stoner construye un gráfico que muestra las muertes reportadas por vacunaciones en años anteriores al COVID y las muertes reportadas hasta ahora por las vacunas COVID.

En años anteriores teníamos aproximadamente 100 muertes al año de entre 250 y 350 millones de vacunas administradas. Ahora estamos hablando de 3800 muertes que corresponden aproximadamente a 150 millones de inyecciones de COVID, y no en un año completo, sino en solo cuatro meses.

Los expertos dirían que ninguna de las cifras de muertes (100 o 3800) es alarmante, dada la gran cantidad de vacunas administradas. Pero esto es un engaño.

A lo largo de los años, se ha escrito mucho (incluso en la corriente principal) sobre lo que se esconde detrás de las lesiones y muertes REPORTADAS por las vacunas. Las estimaciones de las cifras VERDADERAS de lesiones oscilan entre 10 y 100 veces más que las cifras informadas.

3800 muertes reportadas por vacunas COVID se dispararían al estimar la cifra real.

Como señala Stoner en su informe, los funcionarios de salud pública, al estilo orwelliano, siguen repitiendo: “La vacuna es segura y eficaz”. Un simple análisis de sus propios números contradice completamente su afirmación.

Del mismo modo, la prensa, los políticos, las corporaciones y las celebridades están haciendo todo lo posible para convencer al público de que la vacuna es necesaria y maravillosa, algo que todas las personas “vacilantes” deberían admitir si siguieran la ciencia y vieran la luz.

Bueno, algunas sectas son pequeñas; esta es enorme.

El informe de Virginia Stoner es una cruda refutación de la etiqueta de “teoría de la conspiración” que promueve la secta.

Cuando toda la población está siendo sometida a un vasto experimento que despliega una tecnología de ARN nunca antes usada; cuando la inyección en el brazo es en realidad un tratamiento genético; cuando todo el campo de la investigación genética está plagado de propaganda, mentiras y alarmantes errores de cálculo que provocan efectos en cadena en las estructuras genéticas generales, ¿qué cabe esperar?

Es de esperar exactamente lo que muestra e implica el informe de Stoner. La vacuna COVID constituye un desastre exponencial.

Jon Rappoport
(Fuente: https://blog.nomorefakenews.com