CÓMO HEMOS LLEGADO A LA VIRUCRACIA

Hagamos algunas reflexiones sobre lo que está pasando.

Primero debemos entender que el modelo social del planeta es el de una potencia dominante y varias que pugnan por arrebatarle el poder.

La economía mundial se basa principalmente en la guerra, que genera un gasto continuo de recursos;

Para mantener esta, es necesaria una maquinaria propagandística colosal, capaz de convencer al pueblo de su necesidad, ya que es su esfuerzo económico (vía impuestos) y humano (los soldados que mueren) los que realmente la mantienen.

El avance de la tecnología ha proporcionado al estado, unos medios de manipulación y propaganda nunca vistos hasta ahora, de los que se ha servido para destruir al ciudadano tanto individual como socialmente, de un modo acelerado en las últimas décadas.

Tenemos, pues, una sociedad sumisa, egoísta, cobarde, competitiva, estúpida y absolutamente dependiente del estado.

En esta situación llegamos a principio de año encontrando un secreto a voces: el modelo económico actual está en crisis y debe ser sustituido de forma fulminante. La crisis no es nueva, se ha ido alargando a base de parches económicos desde hace décadas pero entró en fase terminal en 2008.

Hay que añadir que las medidas de control de masas se reforzaron desde 2001 tras el atentado de falsa bandera del 11-S, (y posteriores de Londres, París, Madrid, Barcelona, etc.), incrementándose tanto los sistemas de vigilancia, con la implantación de miles de cámaras y refuerzo de los equipos antidisturbios, como la creación de nuevas leyes y tipificación de nuevos delitos o aumento de las consecuencias legales de estos.

Los poderes nacionales, sean del color que sean, actúan supeditados a un poder mundial,  como debería haber quedado claro ante la puesta en escena actual que ha sido acatada por la inmensa mayoría de naciones aun perjudicando sus intereses, o mejor dicho, la de sus ciudadanos.

Se ha desatado una ola de histeria colectiva desde los medios de propaganda estatales, coordinada a nivel mundial, presentando la gripe estacional como una nueva enfermedad, y se han impuesto unos protocolos sanitarios absurdos, tanto para tratar a los enfermos como para hacer frente a una contaminación biológica inexistente.

Es posible que en la anterior campaña de vacunación de la gripe se haya inoculado un patógeno, (creado artificialmente), cuyo tiempo de incubación estaría entre 4 y 6 semanas y que los primeros casos reportados hayan sido gripe (de la que mágicamente se pierde todo rastro desde finales de enero), pero presentados por los medios como provocados por el nuevo “virus”.

Una vez activado el patógeno suministrado con la vacuna, este causa estragos en la población vacunada, ya que se ha multiplicado en el organismo sin ningún tipo de tratamiento y continúa aumentando el miedo de la población.

A partir de entonces toda enfermedad y dolencia es diagnosticada como producida por el nuevo patógeno y tratada con los protocolos redactados para este, lo que causa un daño yatrogénico sin precedentes, que queda enmascarado con las medidas de aislamiento y la prohibición de autopsias que, con la también impuesta incineración forzosa, no podrán hacerse en el futuro, y enmascara otros fallecimientos no relacionados con la enfermedad, (el conocido “muerto con”, en lugar de “muerto por”). Así desde la implantación del estado de alarma, son atribuidas al nuevo patógeno todas las muertes posibles para aumentar la sensación de peligro y la mortalidad de este.

Los medios de desinformación exhiben de forma continua noticias del patógeno, sus estragos y el número de muertos a la vez que dictan unas normas de conducta esperpénticas que la mayoría de la población acata sin cuestionamiento.

Profesionales del mundo del espectáculo y la vida pública son utilizados para liderar una falsa disidencia con la que se controla a gran parte de los que dudan de la versión oficial. A ellos se unen los autodenominados “patriotas”, que es la ultraderecha de toda la vida y que culpa a los gobiernos y políticos de izquierda, o de derecha menos dura, desviando la atención de los verdaderos culpables: el sistema y la crisis de éste.

Usando la clásica estrategia, problema, reacción, solución, nos anuncian la creación de una vacuna que devolverá nuestro mundo a la normalidad, llamada ahora “nueva normalidad” en la neo-lengua que nos impone los medios.

Se imponen así mismo medidas anti-socialización, para evitar que haya revueltas o resistencia organizada contra el engaño y atemorizantes y debilitantes de la salud, para mantener un alto nivel de estrés que enferme, debilite y mantenga sumisa a la población.

Ya no existe la gente sana, solo la gente “asintomática”

Esta vacuna, financiada por un reconocido eugenista que no oculta sus intenciones de disminuir la población mundial, contiene además de los tóxicos habituales, sustancias capaces de modificar el ADN del organismo humano y un marcador biológico que nos convierte en ganado numerado por y para una élite.

A la vez que se anuncia que por la supuesta gravedad de la situación la vacuna no habrá superado todas las pruebas de seguridad, existen indicios de que la supuesta vacuna es un proyecto de sobra conocido y ya desarrollado, cuya peligrosidad no se oculta oficialmente pero se pretende justificar estúpidamente para frenar una supuesta enfermedad con una mortalidad muy baja.

El control tecnológico, que ahora será individualizado para cada ser humano del planeta, necesita un flujo de datos tal que también nos imponen nuevas redes de datos capaces de gestionarlos, de momento la 5G, a la que la disidencia controlada dedica ataques infantiles para ocultar su verdadero peligro.

(Visto en https://puertoparanoia.blogspot.com/)