privacidad-cero

El diario The New York Times ha revelado una investigación sobre la enorme industria del rastreo telefónico, que a falta de leyes que lo regulen se ha convertido en un “vasto y lucrativo comercio”.

El diario The New York Times reveló la existencia de un archivo con registros de más de 50.000 millones de señales de teléfonos inteligentes que permitieron saber la ubicación de más de 12 millones de personas en EE.UU. mientras se desplazaban por algunas de las ciudades más importantes del territorio estadounidense.

Aunque ya se ha advertido en el pasado sobre este fenómeno, no se había conocido hasta ahora un “conjunto de datos tan grande” y, aun así, representa solo una “pequeña porción” de lo que la industria del rastreo recolecta y vende todos los días

El hallazgo hace parte de una extensa investigación del medio, que profundiza en ese tema. Los datos expuestos corresponden al 2016 y 2017 y fueron proporcionados por fuentes que pidieron permanecer en el anonimato.

Además —y al contrario de lo que se pensaría—, no provienen de grandes entidades de telecomunicaciones, tecnología o vigilancia gubernamental; son de una compañía que se especializa en recolectar de manera silenciosa y precisa los movimientos de un celular mediante ‘software’ incrustado en aplicaciones móviles.

El mayor inconveniente es que no es la única empresa. Existen muchas en todo el mundo y de la mayoría nunca se ha oído hablar. Su trabajo muchas veces no es regulado por el Gobierno y solo se rige por sus políticas internas y el código moral de sus empleados.

“Cada minuto de cada día, en todas partes del planeta, decenas de compañías, en gran parte no reguladas, y poco escrutadas, registran los movimientos de decenas de millones de personas”

“Un diario de cada uno de sus movimientos”

El rotativo estadounidense afirma que con base en lo encontrado es posible ver los lugares a los que va una persona a cada momento del día, con quién se reúne o pasa la noche, qué hospitales visita, en dónde reza, si frecuenta clínicas psiquiátricas, moteles, etc.

Al respecto, las empresas involucradas justifican sus negocios argumentando que las personas aceptan ser rastreadas y la información es anónima y segura. No obstante, los investigadores demostraron que, pese a que se trata de “miles de millones de puntos de datos” sin información identificable, es un “juego de niños” conectar nombres reales con sitios en los mapas. Es prácticamente “un diario de cada uno de sus movimientos”, asevera The New York Times.

Para desarmar los reclamos de las compañías los investigadores se dedicaron a identificar personas en “puestos de poder”. Con ayuda de información pública (direcciones de casa, trabajo, etc.) lograron seguir a decenas de importantes cargos: oficiales militares con permisos de seguridad, agentes de la ley, abogados de alto poder y funcionarios de alto rango en el Departamento de Defensa.

¿Cómo se obtienen los datos desde el teléfono? 

Los datos de ubicación se transmiten desde el ‘smartphone’ a través de los kits de desarrollo de software (SDK), ampliamente utilizados por desarrolladores de aplicaciones para Android y iOS, y que le facilita incluir funciones de seguimiento de ubicación, un componente útil en servicios como las meteorológicas.

Debido a que los SDK son útiles y fáciles de usar, están integrados en miles de aplicaciones. Facebook, Google y Amazon, por ejemplo, cuentan con kits que se asocian a plataformas publicitarias de grandes empresas o ayudan a proporcionar análisis de tráfico web.

Sin embargo, una función de rastreo podría instalarse en una aplicación y recopilar datos sin proporcionar un servicio real.

Las empresas de ubicación pueden pagarle a las aplicaciones para que las incluyan y así recopilar valiosos datos que pueden monetizarse. “Hoy en día, es perfectamente legal recopilar y vender toda esta información. En EE.UU., como en la mayoría del mundo, ninguna ley federal limita lo que se ha convertido en un vasto y lucrativo comercio de rastreo humano”, añade el periódico.

No todos los desarrolladores son conscientes de las repercusiones, y las aplicaciones afectadas son muy diversas. “Cualquier cosa: desde aplicaciones meteorológicas hasta aplicaciones locales de noticias y programas de cupones. Si pudieras ver el tesoro completo, es posible que nunca volvieras a usar tu teléfono de la misma manera “, concluye el informe.

(Fuente: RT; visto en https://buscandolaverdad.es/)

comentario Carta de José María Carrascal en el periodico de derechas ABC sobre el asunto de Cataluña

Resultado de imagen de JOSE MARIA CARRASCAL"


No se asusten. No se trata de abogar por el dominio del catalán sobre el resto de los españoles; no se trata de sustituir la hegemonía madrileña por la barcelonesa. Además , dudo que a los catalanes les interesase. Los catalanes perdieron, hace mucho tiempo, sus ambiciones hegemonistas – más o menos desde aquel episodio fulgurante de los almogávares – y desde entonces se han dedicado a su propio florecimiento, en vez de malgastar energías en subyugar a los demás.
Tal vez porque fueron los primeros, entre los pueblos de Europa, que comprendieron que imperialismo es contrario a democracia. Hay que temer muy pocas cosas de los catalanes, y la que menos, afanes de señorío.
Lo que aquí sugerimos es cosa muy distinta y más profunda: que la catalanidad pase a ser parte operante del alma española, hasta ahora no fecundada por ella: que el hecho catalán no se reduzca a aquella esquina, sino que se incluya en el resto de la nación, no para aplastar lo que es genuino de cada tierra, sino para ensancharlo, potenciarlo y enriquecerlo, haciéndolo más apto para la nueva situación que España inicia.
Una de las mayores desgracias que ha sufrido nuestro país, es lo que ha venido presentándose como “espíritu español”, apenas impregnado de catalanismo, cuando debería haber sido uno de sus ingredientes principales. Bien distinto nos hubiera ido, muchas desventuras nos hubiésemos ahorrado, de haber ocurrido así. Pues pudo haber tiempos en que, para ser algo en el mundo, lo mejor era descabezar moros, cruzar cordilleras o conquistar imperios con una docena de hombres.
Pero esos tiempos han pasado hace muchos siglos, y al empeñarnos en sujetar el alma española a
tales características, la hemos empequeñecido, mutilandola y haciéndola poco apta para las nuevas circunstancias.
No recuerdo quién dijo, que la única forma de hacer una nación moderna de España, era llenar el país de suizos o ingleses. ¡Y eso teniendo al lado a los catalanes! ¡Qué ceguera ¡ ¡Qué desatino!
Cataluña ha sido la gran desconocida para el resto de España; desde luego más desconocida que Francia, Italia, Inglaterra o la misma Alemania. Se conoce más la literatura rusa que la catalana, y nuestro conocimiento de Cataluña, está hecho a base de cuatro lugares comunes, todos ellos erróneos cuando no agraviantes.
Sólo los que, por azares de la vida, hemos tenido la suerte de que nuestras familias fueran a residir allí, pudimos darnos cuenta de las enormes diferencias que hay, entre lo que se cree en el resto de España que son los catalanes, y lo que son en realidad.
España no tiene que ir fuera de sus fronteras a buscar virtudes cívicas modernas: las tiene dentro de ella misma en Cataluña, y no me refiero sólo a la laboriosidad, al sentido organizador y de empresa, a la iniciativa. Me refiero a algo más valioso y raro: a la mezcla de tradición y modernidad que hace a los países a la vez estables y dinámicos, al espíritu de cooperación, sin el que una nación no pasa de reino de taifas; al respeto a la intimidad ajena, algo prácticamente desconocido en el resto de España, y que tal vez sea la cualidad más preciosa del espíritu catalán. Todo ello lo necesita España, hoy más que nunca, pues es con esos mimbres con los que se teje auténtica democracia.Sin ellos de poco sirven Constituciones, partidos, urnas.
Cataluña viene adelantándose durante los últimos siglos al resto de España, y la gran tragedia de ésta ha sido no seguir la dirección que le marcaba la que, a fin de cuentas, era su avanzadilla europea. ¿Ocurrirá otra vez algo parecido? ¿Se construirá la nueva democracia española con la colaboración de los políticos catalanes, o seguirá ignorándoseles? Y cuando hablo de políticos catalanes no me refiero a los de allí nacidos, para pasar luego por el filtro de Madrid: me refiero a los catalanes cien por cien, gentes que nos digan las cosas un poco bruscamente, sin rodeos: que nos transmitan su sentido común, su instinto práctico, su conciencia de responsabilidad individual y colectiva. Algo que estamos necesitando cada vez más angustiosamente.
Cuando oigo decir a personas sensibles, inteligentes, que Cataluña no puede separarse “porque el Ejército no lo permitiría”, siento como un puñetazo en plena cara. ¿Pero todavía estamos con éstas? ¿Todavía no hemos aprendido?
No. Cataluña no puede separarse porque la necesitamos, hoy más que nunca, y hay que decírselo cuanto antes, bien alto, sin rubores, sin vergüenzas.
Necesitamos no sólo su industria, su arte, su organización, su modernidad, sino también su espíritu, su ejemplo, sus líderes, su “seny”.
Y espero que ella también nos necesite a nosotros, para ser algo más que un rincón delicioso, cultivado y pintoresco en el Mediterráneo, y proyectar continentalmente, a través de España, el espíritu catalán, que todavía tiene mucho que decir en esa Europa por hacer.
José María Carrascal
Periodista de «ABC” (Madrid)